La toma de decisiones


En la campaña de Montaña Segura hacemos mucho hincapié en la importancia de informarse correcta y ampliamente antes de salir al medio natural. Si la planificación no se ha hecho a conciencia, después será muy difícil que, una vez en marcha, sepamos dar respuesta a los imprevistos que puedan surgir. Sin embargo, tan importante como planificar los recorridos con antelación es la toma de decisiones adecuadas durante la actividad. Para ello suele bastar con conocer todas aquellas variables que suponen moverse por el medio natural y, a lo largo de la excursión, prestar la debida atención en caso de que se produzcan. Vamos a darte algunas pistas que te ayudarán a fijarte en esos detalles para que tu excursión no acabe en un fracaso, o en algo peor.

La toma de decisiones

La toma de decisiones sobre la marcha puede marcar el éxito o fracaso de una actividad. Por muy bien que la hayamos podido planificar, y por muy correctamente que nos hayamos equipado, si sobre la marcha nos somos capaces de ver las señales que nos indican que algo no va bien o si, aún viendo esas señales, no somos capaces de actuar en consecuencia, estaremos exponiéndonos a un riesgo innecesario en el mejor de los casos. En el peor: a un accidente de consecuencias imprevisibles.

Los siguientes puntos de atención deben ser valorados por las personas con responsabilidad en el grupo. Su correcta valoración ayudará a la toma de decisiones.

♦ Presta atención a todos los componentes del grupo: valora de forma constante que el resto de las personas que realizan la actividad contigo están disfrutando. Gran parte de los retrasos, agotamientos y deshidrataciones se dan por no haber sabido darse la vuelta a tiempo. La persona que dirige al grupo debe estar pendiente de todos sus componentes, y debe tener en cuenta que un mal día lo tiene cualquiera.
♦ No te separes ni dejes solo a nadie: no separarse de los compañeros, ni dejar que nadie se distancia del grupo es una norma básica. Un número importante de extravíos se dan en grupos que se han dividido o personas que se han separado del grupo principal por no tener más ganas o fuerzas para seguir. Si se sale juntos al monte, se debe volver juntos también. Es habitual que la persona o personas que se quedan rezagadas no sean las que han preparado el recorrido o no tienen suficiente autonomía en el medio, por lo que, si los responsables los dejan atrás, es como si se les hubiera mandado subir solos a la montaña para la que no estaban ni motivados ni preparados.
♦ Plan B, o C, o D…: si es necesario hay que tener en cuenta otras alternativas más cortas que han debido prepararse antes en casa; o incluso en casos más desfavorables, considerar darse la vuelta y volver otro día: ¡La montaña no se va a mover! No te empeñes en seguir adelante cuando no todo sale bien y no se está disfrutando.
♦ Hidratarse y alimentarse correctamente: no hay que desatender esas necesidades básicas y debe evitarse el llegar a estados de agotamiento difíciles de solucionar. No sólo tú, si no todos los demás. Comprueba que van bebiendo y comiendo adecuadamente a lo largo de la caminata y que no presentan síntomas de agotamiento. De esta manera evitarás lesiones y fatiga.
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Atiende a los más pequeños y a los que menos experiencia tengan: los más pequeños del grupo o los que menos experiencia tengan en el tipo de ruta elegida serán los que marcarán el ritmo del resto del grupo y condicionarán el desarrollo de la actividad. Vigila que se lo estén pasando bien y que no estén realizando la actividad por encima de sus capacidades físicas y técnicas.
♦ Comprueba los horarios parciales: utiliza los mapas para asegurarte de que se van cumpliendo según lo previsto y sigues el itinerario correcto. No dudes en tomar la decisión de acortar la ruta si no es así y cuando la caída de la noche, o un exceso de horas de caminata, comprometen la seguridad del grupo.
♦ Vigila la evolución meteorológica: comprueba que la meteorología no supone un riesgo, el tiempo en montaña es muy cambiante y, además, varía de un valle a otro, por lo que las previsiones pueden fallar. Tampoco es nada extraño que los cambios meteorológicos puedan adelantarse respecto al pronóstico. A pesar de haber consultado la meteorología antes de salir, es mejor comprobar que la realidad confirma lo esperado y que esta no supone un problema para completar la actividad.

 Una reflexión a tiempo

En general,  analizando los rescates que se producen en montaña, se constata una realidad siendo tres los factores por los que se producen fundamentalmente:

♦ mala planificación de la actividad, sobreestimando las capacidades técnicas y físicas de cada uno.
falta de un equipo adecuado, y de saber utilizarlo correctamente.
♦ toma de decisiones inadecuada.

Conviene insistir en que la idea de saber renunciar a tiempo, o reconducir la salida hacia otra más sencilla o corta, será en ocasiones la garantía para que las cosas salgan bien, volvamos a casa a una hora razonable y, sobre todo, contentos y satisfechos.

De este modo, aquellos que nos acompañan querrán volver a salir otro día, una cuestión que debe tenerse especialmente en cuenta cuando tratamos con personas que se están iniciando en la montaña.

Someter a nuestro cuerpo o al de nuestros amigos a un esfuerzo excesivo es la causa más frecuente por la que se originan los percances: tanto agotamientos como deshidrataciones y extravíos suelen producirse por haber bajado la guardia en algún momento. Por otra parte, bastantes veces ocasionan un rescate que se podría haber evitado. Solo es cuestión de prudencia, unos minutos de reflexión y saber desistir, antes de que sea demasiado tarde, de nuestro plan inicial.


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