Tipos de aludes (2 de 2)


Alud de fusión. Jorge García-Dihinx

Alud de fusión

Siguiendo con el post anterior sobre aludes de placa, recordemos que el 90 % de las víctimas de un alud lo son por la rotura de una placa desencadenada por ellos mismos o por alguno de sus compañeros. De los tres tipos de aludes que existen, trataremos ahora los aludes de fusión o nieve húmeda.

Todo esquiador de montaña debe convertirse, mejor antes que después, en un experto en nivología y aludes, pues de estos conocimientos y de la adecuada toma de decisiones sobre el terreno puede depender su vida. Mucha información la irás adquiriendo estando atento y con la experiencia: cuando salgas a la montaña en tus salidas invernales, no pierdas ninguna oportunidad de aprender y estate atento a el color, la textura y el sonido de la nieve.

Tipos de aludes: Aludes de fusión o nieve húmeda

En primavera, además de madrugar más, la orientación de la ladera será importante para esquiar una mejor nieve y para evitar los aludes de fusión o de nieve húmeda. Estos ocurren cuando el sol alto de primavera y el calor humedecen la nieve, aumentando su peso y predisponiéndola a deslizarse ladera abajo, especialmente en laderas de inclinación fuerte.

En primavera avanzada, evitaremos las laderas este o madrugaremos para atravesarlas temprano, pues el sol en esas fechas sale muy del Este y las humedece muy pronto. Las oeste (SW, W y NW), sin embargo, permitirán un descenso más tardío en primavera, incluso tras el mediodía, con una nieve que todavía aguantará bien.

Recordar que a pesar del alto poder destructivo de los aludes de fusión o aludes de nieve húmeda, raramente ocasionan víctimas en esquiadores, pues suelen ocurrir de forma espontánea en un lugar y tiempo determinados. Sin embargo, los aludes de placa, más propios de invierno, al ser desencadenados por el propio esquiador, coinciden ambos en el tiempo y el espacio, siendo los que causan más víctimas. Recordar que el 90 % de las víctimas de un alud lo ha provocado él mismo o alguno de sus compañeros.

El único lugar donde podemos favorecer que coincidan en el tiempo y el lugar un alud espontáneos de fusión o de nieve húmeda es recorriendo un corredor largo o una canal en un día de calor. Deberemos evitarlos tras grandes nevadas o en días de aumento de temperaturas o lluvia. Las cornisas situadas en la salida del corredor son como esponjas y podrán caer al humedecerse al sol.

Como el esquiador asciende durante horas por la misma trayectoria del alud, estaremos todo ese largo tiempo expuestos en la zona por donde una colada barrería el corredor. Fue la causa de dos víctimas por alud en el Pirineo durante la primavera de 2013, en la sierra de Cadí del Pirineo catalán. Evitar corredores tras grandes nevadas o en días de calor o lluvias.

Nieve acanalada por lluvia. Jorge García-Dihinx

Nieve acanalada por la lluvia previa, traduciéndose en un manto libre de tensiones. Estable

La lluvia también produce, y de forma casi instantánea, aludes de nieve húmeda. Percola y rompe los anclajes de la nieve, haciéndola aumentar de peso y lanzándola ladera abajo. Durante las lluvias el riesgo de aludes aumenta de forma rápida. Tras retirarse las lluvias, la primera noche estrellada helará toda esa nieve fundida,  estabilizándola por completo. Así, si sabemos la cota hasta la que ha llovido, sabremos que por debajo de dicha altura el manto estará completamente estabilizado los días posteriores, mientras que por encima de la cota de nieve persistirán las placas de viento de esa última nevada. Ese manto estabilizado tras la lluvia suele presentar un aspecto acanalado, como con olas, sinónimo de un manto libre de tensiones, muy estable.

Rehielo nocturno

La nieve transformada y humedecida durante el día (por el calor en las laderas al sol o por la lluvia en todas las orientaciones) se helará durante las noches estrelladas, estabilizándose para la mañana siguiente. Pero si la noche ha sido nublada, el colchón de nubes rebotará el calor a la tierra e impedirá el rehielo de las laderas humedecidas el día anterior. Así pues, tras una noche de mucha cobertura nubosa, la nieve amanecerá húmeda, pesada y más proclive a desencadenar aludes de nieve húmeda.

En dichas circunstancias, los aludes de fusión podrán caer de forma espontánea en pendientes de 40 a 45º, que deberemos evitar. Nuestras sobrecargas podrán lanzar ladera abajo aludes de nieve húmeda en pendientes que sobrepasen los 35º. Por lo tanto, esos días deberemos evitar las pendientes fuertes, movernos en laderas de inclinación suave o moderada y esperar a un mejor rehielo para atacar pendientes fuertes.

Síntesis final

El sol es el principal transformador de la nieve recién caída. Es débil en invierno y aumenta en fuerza conforme avanza la temporada. En primavera el manto se estabiliza rápidamente tras una nevada, pues el sol alto de abril-mayo funde la nieve en muchas orientaciones y las noches estrelladas forman continuos ciclos de fusión-rehielo.

En invierno la estabilización es mucho más lenta y serán las laderas sur las que antes se estabilizarán. En pleno invierno, serán precisamente las laderas sur más inclinadas (30-40º), las que más se estabilizarán, al estar bien encaradas al sol bajo de invierno.

Justo el grado de inclinación más peligroso para aludes en las laderas umbrías es el que mejor estabiliza las laderas bien encaradas al sol en invierno.

Recordar los tres ángeles de la muerte: Riesgo 3 + ladera norte + 30º. Evitar esa combinación, especialmente en invierno.

Si quieres saber sobre aludes de placa sigue leyendo aquí.

Montaña Segura agradece  a Jorge García-Dihinx, autor del blog de La Meteo que Viene y de los libros Rutas con Esquís / Pirineo Aragonés los textos y fotografías de esta entrada.

Rutas con esquís, tomo II. Pirineo Aragónes. Jorge García-Dihinx Rutas con esquís, tomo I. Pirineo Aragónes. Jorge García-Dihinx


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